Para Acabar Con El Hambre
La alimentación de calidad es un derecho inalienable de todos los ciudadanos, y es deber del
Estado crear las condiciones para que la población brasileña pueda, efectivamente, disfrutar de ese
derecho. El público que debe beneficiarse con esta propuesta es numeroso: 9,3 millones de familias (o
44 millones de personas) muy pobres, cuya renta es inferior a 1 dólar al día, cerca de R$ 80,00 al
mes.
Este cuadro asustador se está agravando durante los últimos años a causa del crecimiento
del desempleo asociado al aumento de los gastos no alimentarios de las familias más pobres
(vivienda, transporte, salud, educación). Como muestran las encuestas de Embrapa, nuestros
agricultores tienen potencial para producir toda la comida necesaria a la población. Existe hambre no
por falta de alimentos, sino porque le falta dinero al trabajador para poder comprarlos.
La tarea de erradicar el hambre y asegurar el derecho a una alimentación de calidad no
puede ser tan solo una propuesta de gobierno, aún cuando se articulen con eficiencia todos los
órganos sectoriales de los niveles federales, estaduales y municipales. Es vital enrolar en esta lucha a
la sociedad civil organizada: sindicatos, asociaciones populares, ONGs, universidades, escuelas,
iglesias de los más distintos credos, entidades empresariales – a todos se les convoca a participar.
Garantizar la seguridad alimentaria es promover una verdadera revolución, que envuelve,
además de los aspectos económicos y sociales, también cambios profundos en la estructura de
dominación política. En muchas regiones de Brasil, las condiciones de pobreza se mantienen porque
incluso facilitan la perpetuación del poder de elites conservadoras que hace siglos mandan en este
país.
Queremos dejar claro en esta presentación que el eje central del Programa Hambre Cero
tiende a conjugar en la medida adecuada las llamadas políticas estructurales – orientadas a la
redistribución de renta, crecimiento de la producción, creación de empleo, reforma agraria, entre otras
– y las intervenciones de emergencia, muchas veces llamadas políticas compensatorias. Limitarse a
estas últimas, cuando las políticas estructurales siguen generando desempleo, concentrando la renta
y ampliando la pobreza - como ocurre hoy en Brasil – significa desperdiciar recursos, engañar a la
sociedad y perpetuar el problema.
Lo contrario tampoco es admisible. Subordinar la lucha contra el hambre a la conquista
previa de cambios profundos de las políticas estructurales representaría la ruptura de la solidaridad
que es deber imperativo de todos, ante millones de brasileños condenados hoy a la exclusión social y
a la insuficiencia alimentaria. Las políticas requieren años y a veces décadas para generar frutos
consistentes. El hambre sigue matando a cada día. O produciendo desagregación social y familiar,
enfermedades, desesperación y violencia creciente.
Por todo ello, el Programa Hambre Cero – de dominio público y por consiguiente abierta su
aplicación a mandatarios de cualquier partido – busca combinar los dos tipos de medidas. Pero no
cabe duda de que nuestra prioridad máxima ha sido sistematizar las medidas que pueden ser
implantadas (implementadas) ahora, inmediatamente, sin perder de vista y sin dejar en segundo plano
los cambios profundos que marquen la construcción de un nuevo Brasil. Un Brasil plenamente viable
y prometedor, donde la democracia se extienda al territorio económico-social, la justicia sea meta de
todos y la solidaridad, regla general de convivencia.
Esta propuesta pretende desencadenar un proceso de discusión permanente,
perfeccionamiento y acciones concretas para que nuestro país asegure a sus ciudadanos el derecho
básico de ciudadanía que es la alimentación de calidad.
Tenemos conciencia de que este Programa Hambre Cero todavía puede perfeccionarse y
aceptar modificaciones. Necesitamos, por ejemplo, precisar los aspectos operacionales de las varias
propuestas y de los diferentes niveles de intervención. Y algo fundamental: necesitamos encontrar
mecanismos permanentes que impliquen a toda la sociedad civil en una amplia movilización por la
garantía de alimentación saludable para todos. Se trata de declarar un esfuerzo nacional sin treguas
para desterrar el espectro del hambre de nuestro país, sueño y compromiso de nuestras vidas.
Luiz Inácio Lula da Silva
Instituto Cidadania, outubro de 2001