Mensaje Del Director General De La O.M.S.
Un mundo marcado por tales desigualdades es un mundo abocado a problemas
muy serios. Tenemos que idear fórmulas para poner en común nuestros puntos
fuertes como comunidad mundial y forjar un futuro más sano. En este informe
sobre la salud en el mundo, el primero publicado desde que asumí el cargo, se
dan algunas indicaciones iniciales sobre la manera de lograrlo.
Un mensaje reiterado a lo largo de estas páginas es que los progresos sanitarios,
incluida la expansión rápida y sostenible de los tratamientos de emergencia,
requieren sistemas de salud nacionales y locales que sean viables. La ampliación
del tratamiento ARV en los entornos con pocos recursos ha de hacerse de manera
que refuerce los sistemas de salud insistiendo en la atención primaria. En la
mayoría de los países, los progresos hacia unos niveles de salud aceptables serán
limitados y efímeros si no se consigue desarrollar sistemas de atención sanitaria
suficientemente robustos para responder a los actuales retos.
A fin de imprimir impulso a ese proceso, la OMS está haciendo de los resultados
en los países su principal objetivo. Es posible adoptar en todos los países medidas
eficaces que mejoren la salud de la población, pero para transformar esa
posibilidad en realidad es necesario aprovechar los conocimientos y las bazas
locales. Es una lección que hemos aprendido gracias a Informe sobre la salud
en el mundo 2003 éxitos como el control de la epidemia de SRAS y los
importantes avances de la campaña de erradicación de la poliomielitis, pero
también como consecuencia de algunos reveses, entre ellos el continuo aumento
de los casos de SIDA, tuberculosis y malaria. Todas esas lecciones nos han
preparado para la tarea que nos espera.
Hace 25 años, la Declaración de Alma-Ata desafió al mundo a adherirse a los
principios de la atención primaria como alternativa para superar las grandes
desigualdades en salud surgidas en los países y entre ellos. La «salud para
todos» se convirtió en el lema de ese movimiento. Se trataba no sólo de un ideal,
sino también de un principio organizativo: todo el mundo necesita disfrutar del
nivel más alto posible de salud y tiene derecho a ello. Los principios establecidos
en esa ocasión siguen siendo indispensables para tener una visión coherente de
la salud mundial. Pero para transformar esa visión en realidad es necesario
distinguir claramente tanto las posibilidades como los obstáculos que han frenado,
y en algunos casos invertido, los progresos hacia la satisfacción de las
necesidades de salud de todas las personas. Eso significa trabajar con los países,
especialmente con los más necesitados, para afrontar las crisis sanitarias, pero
también para construir sistemas de salud sostenibles y equitativos.
Quisiera instar aquí a la comunidad sanitaria mundial a poner la mira en objetivos
audaces. Todos los países del mundo se han comprometido a alcanzar los
Objetivos de Desarrollo del Milenio establecidos en la Cumbre de las Naciones
Unidas en 2000. Ello incluye metas ambiciosas para la nutrición, la salud
maternoinfantil, la lucha contra las enfermedades infecciosas y el acceso a los
medicamentos esenciales. Con ese apoyo tenemos hoy una oportunidad real de
lograr avances que se traduzcan en una vida más larga y sana para millones de
personas, que transformen la desesperanza en una esperanza realista y que
sienten las bases para que las generaciones venideras disfruten de una salud
mejor.
Esos objetivos sólo se alcanzarán con un mayor compromiso para aportar
recursos y una colaboración intensificada entre los asociados. El informe que
sigue a continuación describe los retos que debemos afrontar y señala el camino
para que la OMS y la comunidad sanitaria mundial articulen una respuesta unitaria.
LEE Jong-wook
Ginebra
Octubre de 2003